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domingo, 14 de febrero de 2016

El derecho a la ternura (Luis Carlos Restrepo)

Quiero compartir este excelente ensayo del psiquiatra Colombiano Luis Carlos Restrepo.

Aunque el texto completo es maravilloso, recomiendo especialmente el capítulo "Violencia sin sangre", pues nos enseña sobre la forma en que nos relacionamos y la sutileza con que violentamos a nuestros semejantes, a veces incluso destruyendo más con una palabra que con un golpe. Considero que este capítulo de alguna forma, resume el texto completo, aunque obviamente hay temas trtados en los demás apartados que no se incluyen aquí, como el valor de lo chamánico vs la mentalidad científica, por lo tanto, vale la pena leerlo completo.

Antes, Pablo Estrada nos ofrece su opinión sobre este interesante texto, publicada en El Tiempo el 07-09-2008:

"Así se titula uno de los libros de Luis Carlos Restrepo, psiquiatra y escritor colombiano nacido en 1954, quien ha sido profesor y asesor en diversas universidades e instituciones académicas y científicas. El eje de su análisis se centra en el tema de que la afectividad es una magnífica puerta de entrada para emprender una reflexión sobre el maltrato y la intolerancia que cunden, de manera sutil, en el mundo contemporáneo. Está convencido de que hoy existe un analfabetismo afectivo y sentimental, en base a los tabúes que rodean cada uno de nuestros espacios cotidianos que, a partir de los patrones culturales dominantes, impiden que el componente afectivo se manifieste en todas las expresiones de la convivencia interpersonal.

Realiza un examen de la prohibición tácita de que el ser masculino pueda abrirse al lenguaje de la sensibilidad, en particular en el ámbito de la sexualidad, justamente a partir del predominio de símbolos y patrones culturales, que establecen reglas acerca de las conductas, las aspiraciones y las convicciones que ordenan entablar un auténtico combate en lugar de una convivencia afectiva. “Situación que se ve clara en la ideología del ejecutivo o del buscador de poder -artista, político o empresario-, quienes tienen todas sus horas para reales e ilusorios combates, pero temen caer en la tibieza de la ternura, pues sería tanto como exponer sus ideales, la firmeza de su yo y la solidez de su identidad, al efecto disolvente de la sensibilidad”.


Quizás uno de los temas más controversiales que plantea el autor es el relativo a la diferencia entre el amor y la ternura. Para él, nuestras historias de amor son también historias de nuestras heridas. Por eso prefiere hablar de ternura y no de amor, porque la ternura es un término medio entre el amor y el odio. “Cuando hemos llegado a la frontera del odio, cuando nuestra irritación está a punto de transformarse en violencia, aparece la ternura como un conjuro social que nos enseña a convivir con seres diferentes, que aunque no responden por completo a nuestras exigencias y demandas, nos brindan desde su singularidad calor y compañía, enriqueciéndonos con su presencia”.


Libro provocador y provocativo que reivindica con firmeza la afectividad como componente fundamental de la vida cotidiana, en su dimensión pública y privada. De ahí que propone tanto una verdadera estética de la intimidad, cuando una tarea fundamental de la política: avanzar hacia climas afectivos donde predomine la caricia social y donde la dependencia no esté condicionada a que el otro renuncie a su singularidad"
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Creado a partir de la obra en http://duma3330.wix.com/phtm/.

martes, 8 de diciembre de 2015

La Empatía, más que estar en los zapatos del otro.


"La Empatía, más que estar en los zapatos del otro, es ponerse muy bien los propios a través del otro"

Andrés Urrea




Recientemente recordé uno de los conceptos básicos que me enseñaron en la universidad sobre la psicología. El concepto de Empatía.

Recuerdo que en los primeros semestres era muy mencionado, y siempre hacía referencia a la necesidad del terapeuta de ponerse en el lugar del otro para poder comprender su problemática y que hubiera un tratamiento exitoso, además, para que se generara un buen vínculo terapeuta-paciente.

Pero, ¿Qué tan importante es realmente la empatía en el proceso terapéutico?

Pues empecemos por conocer su definición según la RAE:

Empatía: Proviene del griego ἐμπάθεια empátheia.

1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.
2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

(Rae 2015)

Y cuando hablamos de identificación, nos referimos a la capacidad de "hacer que dos o más cosas en realidad distintas aparezcan y se consideren como una misma" (Rae 2015).

La empatía, según Jackson y Decety (2004) tiene que ver con la experiencia afectiva del estado emocional (ya sea real o inferido) de otra persona y con un reconocimiento mínimo y entendimiento de dicho estado emocional.

Es fundamental para poder establecer relaciones íntimas con otra persona, ya que como plantea Rivera Revuelta (2004) se trata de una "función mental que nos permite ver la perspectiva del otro y no estar centrados en nosotros mismos, es decir, sumergirnos en los sentimientos del otro".

Todos tenemos la capacidad de ser empáticos, unos mas que otros, y tienen mucha influencia los cambios de estados emocionales, las deferencias sexuales, el consumo de ciertas sustancias como el alcohol que tiene un efecto muy negativo, entre otras variables. Sin embargo, la empatía también puede entrenarse, leyendo novelas, escuchando música y por medio de la meditación compasiva.

Entrenando la empatía:



El investigador Rabinowitch de la Universidad de Cambridge, junto con otros investigadores colaboradores, diseñaron un programa musical que estaba compuesto por varios juegos musicales para niños entre 8 y 11 años, el cual implementaron durante todo un año escolar.

Inicialmente se midió la empatía en estos niños, para comparar con una segunda medición al finalizar el programa. Se dividieron los grupos control y se procedió a la participación de estos en un programa musical, unos con interacción con la música y otros sin ella, y otro grupo que no participó del programa como tal sino que sirvieron para hacer las respectivas observaciones y análisis.

Lo que se encontró es que la empatía es susceptible a intervención debido a los resultados obtenidos en los diferentes grupos al final del programa. Mejorando la empatía de los niños, tal vez podamos construir una sociedad más comprometida con el bienestar social, concluye el investigador.

Ahora bien, la literatura es otra herramienta de entrenamiento sobre la empatía, pues en una investigacoión publicada en la revista science, se plantea que "leer novelas de ficción puede mejorar nuestra empatía y, por consiguiente, enriquecer nuestras habilidades sociales".

"Los datos revelan que los sujetos que leyeron literatura de ficción se desempeñaron mejor en los test que evalúan la empatía, percepción social e inteligencia emocional".

Esto se debe a que la literatura suele dejar muchas cosas a la imaginación, lo que lleva a hacer inferencias sobre los personajes y ser sensibles a "la complejidad emocional de la historia".

Esto sugiere la importancia de mejorar los hábitos de lectura en las escuelas.

Pero otra forma muy interesante, es la meditación compasiva, que consiste en mejorar significativamente la habilidad de una persona para leer las expresiones faciales de otros.

Este es un estudio publicado por la Social Cognitive and Affective Neuroscience, donde tras realizar una meditación basada en la compasión, se realizan escaneos de la actividad cerebral por (fMRI) resonancia magnética funcional, y lo que se ha encontrado es un aumento en la precisión empática, en la lectura de emociones a través de expresiones de faciales.

El CBCT (Cognitively-Based Compassion Training) desarrollado por Lobsang Tenzin (con influencia de prácticas budistas tibetanas) incluye elementos de mindfulness, en el que se buscan mejorar habilidades de concentración y ser conscientes de pensamientos y sentimientos de una forma no crítica; pero la práctica del CBCT se enfoca más específicamente en entrenar a las personas para analizar y reinterpretar sus relaciones con otros.

“La idea es que los sentimientos que tenemos sobre las personas pueden ser entrenados de maneras óptimas,” explica Negi. “El CBCT apunta a condicionar a la mente de uno para reconocer cómo todos somos interdependientes y que todos desean ser felices y estar libres de sufrimiento a un nivel profundo.”

"Los participantes del estudio fueron adultos sanos sin experiencia previa en meditación. Trece participantes asignados al azar completaron meditaciones CBCT regulares (sesiones de entrenamiento semanales y prácticas en su hogar) por 8 semanas. Ocho sujetos elegidos al azar, que conformaban el grupo control, no hicieron meditación, en su lugar  completaron clases de discusión sobre salud que cubrieron temas sobre mente-cuerpo, como los efectos del ejercicio y el estrés en el bienestar".

Todos, antes y después del experimento, recibieron escaneos cerebrales fMRI mientras se les medía su nivel de empatía mediante el test de RMET.

8 de los 13 participantes del primer grupo, aumentaron sus puntajes, mientras que los del grupo control, no solo se mantuvieron iguales, sino que algunos disminuyeron sus puntajes.

Además, quienes realizaron meditación aumentaron su actividad neuronal en áreas que son importantes para la empatía como son la circunvolución frontal inferior y la corteza prefrontal dorsomedial.



Hasta aquí, podemos decir que la empatía tiene una función, no solo en lo que respecta a la psicología o al ámbito terapeutico, sino a nivel social, pues es fundamental para las relaciones interpersonales, en las habilidades sociales y bienestar social, pues es la que nos permite comprender al otro y ser más sensibles ante su subjetividad.

Sin embargo, siento que esta definición se queda corta a la hora de hacer psicoterapia, pues como pilar para las habilidades sociales, digamos que es algo natural, aunque aprendido.

Los animales por ejemplo nos dan una lección  muy importante de empatía, especialmente los perros, que al igual que los humanos, reaccionan ante el llanto de un bebé con una conducta de alerta pero estos además le suman la sumisión. Adicionalmente, en ambos aumenta el cortisol, que es la hormona del estrés, la cual impulsa a la persona o al animal, a comprobar que le pasa al bebé. Al respecto, algunos científicos han planteado que existe una especie de "contagio emocional", el cual es una forma de empatía primitiva que se encuentra también en otras especies como simios y ratones.

Esto demuestra los factores naturales que tiene la empatía, pero también, y en relación con la posibilidad de que sea una característica entrenable, esta es adquirida, y es que recordemos que los niños aprenden inicialmente por imitación.

La imitación juega un papel importante en el aprendizaje de nuevas habilidades en los niños, pero también en la capacidad de experimentar en sí mismo lo que el otro siente, que es lo que llamamos empatía.

Esta capacidad de imitar si que es natural, se nace con ella, y puede estar explicada por las neuronas espejo, "un grupo de células que fueron descubiertas por el equipo del neurobiólogo Giacomo Rizzolatti y que parecen estar relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos. Su misión es reflejar la actividad que estamos observando".

Pero también por lo que más adelante en el desarrollo infantil se conocerá como teoría de la mente, está gran parte del desarrollo de la empatía, ya que esta es la que nos permite  generar hipótesis sobre lo que está pensando o sintiendo el otro, e interpretamos así su comportamiento.

Y esto se logra precisamente gracias a que hemos aprendido a anticipar las conductas, hemos aprendido en los primeros años de vida sobre las emociones propias y del otro, hemos aprendido a leer emociones, sentimientos y conductas, precisamente por el ejercicio de imitación.

Por lo tanto se puede decir por un lado que la empatía es social, y por otro lado, que se adquiere en sociedad y se perfecciona en familia (o en el ámbito de desarrollo primario del niño). De ahí la importancia del ejemplo que le demos a los niños.

En el caso particular, recuerdo que mi hija de apenas 2 años, cuando estaba todavía más pequeña, tuvo su primer contacto con mis gatos, y su reacción fue apretar para sí, lo que le causó obviamente molestia a la felina. Yo le enseñé a acariciar y no apretar, y así mismo, le fui enseñando a relacionarse con las plantas. La niña lo que hacía era imitar, y ahora, cada vez que ve a la gata o una flor, se acerca y cuidadosamente la acaricia.

Esto entre otras cosas, demuestra que los niños aprenden con amor y no con golpes, pues fácilmente yo podría haberle gritado por apretar a la gata o dañar una planta, pero en vez de eso, se le enseña lo mismo de una manera cariñosa, y ella aprende, pero esto es un tema que se puede ampliar en otra ocasión.




La empatía en la psicoterapia:

Vemos pues como la empatía es un asunto social, adquirido y perfeccionado en las relaciones que establezcamos, pero en terapia, el asunto se complejiza un poco, pues no se trata solo de empatizar, sino de lograr que esa persona que llega a consulta, se vaya con elementos realmente significativos teniendo como base de la terapia este elemento que consideramos clave en su éxito; y por otro lado, quien está ejerciendo el rol de terapeuta, también es persona, y por tanto si tenemos en cuenta que empatía es ponerse en el lugar del otro, ¿con que se queda este otro sujeto?

Aquí hay varias cosas a tener en cuenta, por un lado, ¿Cómo se usa la empatía en terapia? lo que implica el uso como tal que le da el terapeuta para generar lo que se conoce como rapport, pero también algo que poco se habla, y es usar la propia empatía del paciente para traer una experiencia determinada al aquí y ahora y poder elaborarla. Por otro lado, mantener la empatía como un elemento de uso real, y no solo como elemento detrás del telón, es decir, implicarse más y teorizar menos.

Esto no significa ni olvidarse de la ética, ni mucho menos caer en lo que llaman los psicoanalistas la contratransferencia, hacer una identificación y/o una proyección, sino, darles un uso en beneficio de las personas que están inmersas en la psicoterapia, que son tanto el usuario como el terapeuta.

Implica además, y esto es muy importante, que el terapeuta según lo anterior, alcance un nivel de congruencia óptimo, y utilizo la palabra óptimo porque no se trata de ubicarlo en un nivel de perfección o cuasi perfección, ya que no creo que alguien pueda alcanzar tal estado. La congruencia más bien reconocerse también como un ser humano con limitaciones, con deseos, con incertidumbres, temores, emociones en todo caso, y muchas falencias como también grandes virtudes, de ahí que el crecimiento es mutuo.

Si lo pensamos inicialmente desde las neuronas espejo, pues sería interesante realizar ejercicios primero de imitación a la hora de querer que el otro modifique algún esquema, y en la medida que la persona va imitando y activando dichas neuronas, se puedan generar cambios en el pensamiento.

Y es que ejercicios tan simples como bostezar, muestran el nivel de empatía que existe entre dos personas, ya que es algo tan contagioso, que se contagia con mayor facilidad entre personas con un lazo afectivo fuerte. Pero si la empatía se puede entrenar, entonces durante el entrenamiento, en la medida que se genera un lazo, se pueden lograr cambios de otro tipo.

Esto es algo que se me ocurre como una posibilidad sin un sustento teórico-práctico, pero no creo que sea necesario; si la congruencia es auténtica, si el terapeuta establece una relación auténtica, la empatía por sí misma crece entre ambos, y por tanto, las conductas se pueden imitar de manera inconsciente en la medida que estas dos personas se den la oportunidad de conocerse más el uno al otro.

Por eso decía lo importante que es implicarse. Muchos consideran que el terapeuta debe mantenerse al margen, pero implicarse es tan crucial, que permite realmente ponerse en los propios zapatos a través del otro, y así, que el otro se sienta comprendido, se sienta acompañado en una situación  que de alguna manera consideraba o sentía única. Es poder decirle al paciente que uno ha vivido una situación similar, o que si le llegara a pasar, tal vez haría como en cierto momento que le sucedió esto o aquello.

Milton Erickson, era uno que a través de ejemplos o metáforas, lograba grandes cambios en el otro.

Sin embargo, esto se puede trasladar a la vida cotidiana de la persona, si esta comienza a generar hábitos donde sus neuronas espejo se activen e imiten conductas de otras personas que le generan la sensación de haber superado la problemática o tener la capacidad de sobreponerse a eso que él o ella considera tan difícil de sobrellevar.

Luis Carlos Restrepo, psiquiatra Colombiano, en su ensayo "El derecho a la ternura", menciona la importancia de implicarse en la situación del otro a través de la propia situación y viceversa, poniendo como ejemplo los modelos de conocimiento chamánico, "dónde el diagnóstico y la intervención médica parten de las percepciones que el brujo detecta en su propio cuerpo. Capta así disturbios en el campo de las relaciones interpersonales que articula de manera inmediata a la dinámica del cuerpo y la naturaleza, accediendo a cogniciones afectivas que le permiten entrar en interacción con las cadenas vitales y las redes de interdependencia". (p. 46)

Esto sugiere que un alto grado de empatía, permite además sentir realmente lo que el otro siente, y no suponer lo que siente a través de la imaginación como lo puede uno entender según el significado de este término y el contraste con la realidad, porque al fin y al cabo, ¿Cómo puede uno sentir el dolor ajeno si la situación no la está viviendo? ¿Cómo puede uno decirle al doliente tras la pérdida de su padre por fallecimiento: "Lo siento", si en realidad uno todavía tiene al padre con vida?

Creo que siempre existirán situaciones cercanas, pero también existen los grupos de apoyo, por eso decía hace un momento, activar esas neuronas espejo en situaciones donde se garantice que la conducta se puede modificar para bien o mejora del paciente.

Si se está pasando por un duelo amoroso por ejemplo, pasar el tiempo solo o con alguien que está en la misma situación tal vez no sea lo más recomendable, pero sí estar con personas que hayan superado una situación parecida, o que le faciliten vivir otras experiencias e ir sanando esa herida.

En cuanto al terapeuta, al ponerse en el lugar del otro, algo le debe quedar, así que es importante reconocer cuales son esas situaciones que se hacen figura para trabajarlas, e incluso, por que no, hacerlo junto con la persona que le ha servido de estímulo para rememorar o reavivar, recibir su retroalimentación y dar las gracias, porque el proceso terapéutico es de ambos (o todos si se trata de un grupo), por lo tanto, el apoyo es mutuo.

Esto además, creo que le da a la persona un protagonismo en la terapia que le permite hacer mejores reflexiones y alcanzar estados de insight con más facilidad.

Empatía que en alemán es Einfühlung, significa, sentir dentro.

Adler hablaba de: “ver con los ojos de otros, oír con los oídos de otros, sentir con el corazón de los otros…”.

La empatía según Goleman tiene tres sentidos diversos y complementarios:


  1. Conocer los sentimientos de otra persona, 
  2. Sentir los que esa persona siente y 
  3. Responder compasivamente a la aflicción del otro 


"Stanislavsky, observó que un actor que interpretaba un papel podía recurrir a sus recuerdos emocionales para evocar un auténtico sentimiento presente. Pero las reminiscencias, no tenían por qué limitarse a experiencias propias. Un actor puede recurrir a las emociones de otros mediante la “empatía”. A lo que recomendaba, “…estudiar a las otras personas y acercarnos a ellas emocionalmente todo lo que podamos, hasta que la empatía hacia ellas se trasforme en sentimientos nuestros”. Además, subraya la interpretación como un arte y el arte como la más alta expresión de la naturaleza humana.

Este autor ruso con su sistema de actuación fue, de alguna forma, pionero de lo que ahora sabemos por las neurociencias. Cuando respondemos a la pregunta “¿Cómo te sientes?” activamos una parte significativa del mismo sistema de circuitos cerebrales que se encienden cuando preguntamos “¿Cómo se siente ella?”. El cerebro actúa de manera casi idéntica cuando percibimos nuestros propios sentimientos y los de otra persona" (Goleman).

Sin embargo, en este proceso, es importante mantener claro el discernimiento de lo que es propio y lo que es del otro, para no llegar a la identificación y perder los límites y el objetivo de la terapia. En todo caso si esto sucediera (nunca por parte del terapeuta), es motivo para trabajar la identidad y partir de esta en la búsqueda de la congruencia. Igualmente, si se trata de una proyección, que según el diccionario psicoanalítico de Laplanche y Pontalis significa “operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso ‘objetos’, que no reconoce o que rechaza en sí mismo”, pues se convierte en la oportunidad de trabajar el sí mismo, buscar una integración entre el yo y la sombra, o la aceptación de aquellos aspectos negados.

Aquí vale la pena recalcar algo, que aceptar ese lado oscuro, alcanzar esa integración, no es sinónimo de iluminación y perfección, sino de reconocimiento. Ojalá podamos alcanzar un estado de nirvana o autorrealización tal, pero el hecho es reconocerse como un organismo con virtudes, capaz de cometer errores y aprender de ellos, un organismo que en la medida que siente alegría, también siente tristeza, en la medida que ama, también puede odiar y perdonar. Un organismo que puede hacer daño, pero también reivindicarse.


Palabras finales:


La imagen me recuerda la película "Titanes del pacífico" de Guillermo del toro (2013), pues para poder controlar a los Jaegers y combatir a los Kaiju (que son el problema), los pilotos deben unir fuerzas, conectándose de manera sincrónica, literalmente, conectando sus cerebros y compartiendo así sus recuerdos, sentimientos, pensamientos y movimientos, pues cada piloto individualmente, moriría en el intento. Solo la unión entre ambos, logra realmente el objetivo, pues permite sobrellevar la inmensa carga neural que conlleva manipularlos.

La empatía como un elemento de la teoría de la mente, como una capacidad adquirida por obra y gracia de las neuronas espejo y la habilidad natural que tenemos para imitar, a nivel social es una capacidad para ponerse en el lugar del otro a través de un ejercicio de imaginación y anticipación.

No se trata de simpatía ni mucho menos de lástima, sino de realmente comprender el punto de vista de la otra persona y observar una u otra situación desde una perspectiva ajena a la propia.

Contrarios a la empatía, y en aumento, están el narcisismo, el egoísmo, el individualismo, que son favorecidos por una cultura capitalista y consumista, y por los afanes de la sociedad actual.

Lo cierto es que la empatía ayuda a generar lazos y establecer mejores relaciones sociales, se puede entrenar, pero aunque socialmente esté más ligada al juego de la metacognición y al uso de máscaras, siendo ella misma una máscara, se podría decir que está a su vez tan próxima a las emociones, que la máscara empática es casi transparente, así que en una relación auténtica, la verdadera empatía no engaña, por lo tanto se ubica por encima de la teoría de la mente y está más del lado de lo instintivo.

Siendo así, el uso terapéutico de la empatía, consiste en permitirse ser uno mismo en relación con el paciente, para poder que este encuentre en el terapeuta, elementos que le ayuden a resolver sus inquietudes, y a su vez, le den la posibilidad de devolverle al terapeuta elementos que consciente o inconscientemente haya detectado para el desenvolvimiento también de este en el mundo.

Esto no quiere decir pensar en primera persona y olvidarse que el objetivo es el otro, porque eso sería egoísta. Por eso es fundamental, antes de cualquier implicación personal, escuchar, reflexionar y ahí sí, intervenir, si es necesario y posible, desde la propia experiencia o lo que se conoce (que de hecho es casi inevitable si se piensa solo desde lo conocido).

Para escuchar, sugiero hacerlo con el cuerpo, con todos los sentidos. No solo hablan las palabras, sino también el cuerpo. Así mismo, hacer uso de la mayéutica es algo fundamental en la psicoterapia.

En esa medida, cuando escuchamos realmente, no es descabellado “hacer algo arriesgado -como pedir ayuda, compartir una opinión impopular, enamorarse, admitir inseguridades o temores- puede hacernos sentir vulnerables, pero también puede resultar en relaciones más profundas, progresos creativos, mayor alegría, liberación de ansiedad, y una conexión empática mayor” (Roman Krznaric, 2014).

Ahí sí implicarse permite y hasta exige hablar en primera persona, sin señalar al otro, sino anteponiéndose, pero también, involucrándose con palabras como: "Me gustaría", "Podríamos intentar"... en vez de "Deberías", "Tu eres"...

Cada palabras que escuchas, debe llevarte a una reflexión, que implica "pensar atenta y detenidamente sobre algo" (Reflexionar: Rae 2015), pero a su vez, según la Rae (2015) es desde el punto de vista de la física, "Acción y efecto de reflejar o reflejarse", lo que significa que a través de eso que el otro dice, uno mismo se hace, devuelve y le permite al otro no solo verlo a uno (ver sus pensamientos, sentimientos y experiencias), sino verse a sí mismo. 

Reflexionar, es meditar, porque meditar se logra en todo momento, siempre que se piensa con atención plena sobre determinada cuestión y se eliminan los juicios. Meditar, es tratar de sacar lo mejor de sí y ponerlo en el exterior, pero para ello, primero hay que poner lo exterior dentro y guardar silencio. 

Empatía , es pues un acto de confianza mutua, y si el paciente busca en su terapeuta alguien en quién confiar, lo mínimo que podemos hacer es confiar en él también. Además, incluso en el caso de que mintiera, no estuviera en terapia por cuenta propia, o simplemente no sintiera él la empatía, si el terapeuta es congruente, no tiene nada que temer a la hora de exponerse y dejarle un mensaje a esa persona que tal vez en algún momento le hará saber lo importante que es, le hará pensar, y tal vez volverá por más. Al fin y al cabo la empatía es como el amor, social, pero cada quién lo siente a su mudo, y es de vital importancia expresarlo independientemente de que sea o no retribuido, porque es algo que le pertenece solo a quien lo siente, los demás deciden si compartir su parte o no. 

Andrés Urrea

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Cibergrafía:

http://bcn.sagepub.com/content/3/2/71.short


http://www.psypost.org/2013/07/building-an-other-minded-society-musical-interaction-cultivates-empathy-in-children-19225


http://well.blogs.nytimes.com/2013/10/03/i-know-how-youre-feeling-i-read-chekhov/


http://pht9.blogspot.com.co/2015/09/neurociencia-y-ciertos-dialogos.html


http://www.sciencedaily.com/releases/2012/10/121004093504.htm?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+sciencedaily%2Fmind_brain+%28ScienceDaily%3A+Mind+%26+Brain+News%29&utm_content=Google+Reader


http://www.unobrain.com/blog/pueden-perros-empatizar-personas


https://lamenteesmaravillosa.com/conoce-a-las-neuronas-espejo/


http://eprints.ucm.es/16341/


http://www.gestalt-terapia.es/por-que-los-ninos-imitan-a-los-adultos/


http://www.bakadesuyo.com/2015/09/power-of-empathy/


http://www.filmaffinity.com/es/film855313.html



Imágenes:


https://www.google.com.co/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwi176TbzszJAhXB0h4KHWdZDyUQjRwIBw&url=http%3A%2F%2Fwww.coaching-tecnologico.com%2Fla-empatia-y-la-tecnologia%2F&psig=AFQjCNG83SBm2eARLEGaxJfSbTXTlpTIuA&ust=1449676060723358


http://www.gestiondeenfermeria.com/wp-content/uploads/2015/07/big_ev_392_EN-SUS-ZAPATOS.jpg


http://lacapannadelsilenzio.it/wp-content/uploads/2015/03/empatia-63.jpg


http://static.mejorconsalud.com/wp-content/uploads/2015/08/empatia2-500x308.jpg


http://www.efectoyogamalaga.com/wp-content/uploads/2014/12/unnamed.png






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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Neurociencia y ciertos diálogos

Quiero compartir el siguiente artículo escrito por el psicólogo Andrés Buschiazzo (2014) el cual me ha parecido muy interesante:

Neurociencias y ciertos diálogos


Mario Bunge, para muchos el último positivista lógico, afirmó en una entrevista que lo que parece tan revolucionario como las neurociencias no lo es, porque el primero en enunciar la tesis de que todo lo mental es cerebral fue Hipócrates hace más de veinticinco siglos. Para la psicología médica y para las neurociencias cognitivas no es una novedad sino que es la realización del sueño de Hipócrates abordado con una metodología de ciencia actual. Durante siglos los estudiosos se conformaron con el supuesto de Hipócrates y en especial, el de Galeno sin someter a prueba estos campos teoréticos. En el siglo XIX desde Claude Bernard (1813 – 1878) y Rudolf Virchow (1821 -1902) están los comienzos de las investigaciones sobre el tema (Magela Demarco).

“El error de Descartes” señalado por Damásio lo encontramos ya resuelto en Platón en el “Cármides o de la sabiduría moral”, donde Sócrates dialoga con tres personajes: Querefonte, Critias y Cármides.

El tema central en este diálogo es la naturaleza de la virtud denominada “sophrosine” para los griegos “sabiduría” o equilibrio que se obtiene después de la “catarsis” (purificación). Sócrates finge, como un psicodramatista, ser médico para curar al joven Cármides los dolores de cabeza haciéndolo participar de la discusión planteada por una serie de definiciones propuestas sucesivamente y sometidas a examen y eliminadas unas tras otras hasta llegar a una conclusión negativa. Esto es la mayéutica, que también la usamos en psicoterapia adleriana.

Sócrates, para aliviar los dolores, trata primero el alma, porque considera que de ella nacen tanto el bien como el mal; la medicina apropiada serán los pensamientos, que infunden sabiduría; luego resultará fácil curar las enfermedades y dolores corporales.

Aunque la cita parezca algo extensa, no sería correcto amputarle parte alguna, ya que representa el comienzo, de lo que más tarde, será la psicoterapia profunda. A propósito, Sócrates expresa:

“Habló el tracio: Pero Zamolxis, nuestro rey, que es un dios: así como no debiera intentarse curar los ojos, descuidando la cabeza, ni ésta sin atender a todo el cuerpo, así tampoco es posible curar el cuerpo sin tratar el alma. Ésta sería también la causa de que entre los helenos los médicos se sintieran impotentes antela mayoría de las enfermedades, pues ignoraban la totalidad a la cual debían apuntar sus cuidados, ya que hallándose mal ésta es imposible que una parte se sienta bien. Pues todo, añadió, procede del alma, lo bueno y lo malo, e irradia de allí al cuerpo y a todo el hombre. Aquélla es, pues, lo que precisa tratar primero y más cuidadosamente. Pero el alma, dijo se trata mediante ciertos diálogos” (p. 7, 1980).

Sócrates finaliza elogiando la “sabiduría” (sofía) de Cármides, porque es para él la causa de su felicidad (Sopena, 1972).

Las neurociencias (definidas también como “las ciencias del cerebro”) han hechos aportes relevantes, pero como dice Damásio en este campo “como apenas sabemos a dónde vamos, es difícil saber cuán lejos hemos llegado y es que se está todavía muy lejos de resolver el problema de las relaciones mente-cerebro” (p14, 1998).

Algunos de los avances se dieron en la década del 90 por un grupo de neurocientíficos italianos que estudiaban el comportamiento de monos mapeando el área moto-sensorial a través de rayos láser finos implantados en células cerebrales (neuronas) específicas. El estudio tenía por objeto observar qué zonas cerebrales se iluminaban cuando realizaban determinados movimientos tales como asir algo o romper objetos.

El descubrimiento de mayor interés para la comunidad científica fue el de las “neuronas espejo” que surgió por casualidad, ya que no buscaban lo encontrado. Al regresar uno de los asistentes de su hora de descanso con un helado, los científicos se sorprendieron al ver una célula moto-sensorial activarse cuando uno de los monos observó a éste llevarse el helado a la boca. Las neuronas espejos reflejan una acción que observamos en otro, haciéndonos imitar esa acción o tener el impulso de hacerlo (Golman).

Giacomo Rizzolatti explica que éstas, “nos permiten comprender las mentes de los otros no mediante un razonamiento conceptual sino mediante estimulación directa, sintiendo, no pensando” (Bakeslee, 2006). El fenómenos de la risa contagiosa puede ser entendida desde esta teoría, cuando vemos a una persona reír tenemos el impulso de hacer lo mismo. Lo mismo sucede cuando estamos con una persona con mal humor, parecería que luego de que se va quedamos inundados de pesimismo. También llamamos a esto, “contagio emocional”.

Antes del surgimiento de la hipótesis de “neuronas espejo”, Adler hablaba de: “ver con los ojos de otros, oír con los oídos de otros, sentir con el corazón de los otros…”, es la suya una buena definición de la “empatía”. Es una re-confirmacion de la Psicología Individual que ha logrado soportar la prueba del tiempo.

Los neurocientíficos afirman que cuando más activos son los sistemas de “neuronas espejo” de una persona más poderosa es su empatía. La empatía siguiendo a Goleman tiene tres sentidos diversos y complementarios: “(1) conocer los sentimientos de otra persona, (2) sentir los que esa persona siente y (3) responder compasivamente a la aflicción del otro” (p.88, 2006).

En “Los competidores del diván” de Gorbato (1994), muestra como Perls, fundador de la psicoterapia gestáltica (la terapia del “darse cuenta” = “awareness”) explica como su técnica le debe más a Stanislavsky que a Wertheimer, Köhler y Koffka.

Stanislavsky, observó que un actor que interpretaba un papel podía recurrir a sus recuerdos emocionales para evocar un auténtico sentimiento presente. Pero las reminiscencias, no tenían por qué limitarse a experiencias propias. Un actor puede recurrir a las emociones de otros mediante la “empatía”. A lo que recomendaba, “…estudiar a las otras personas y acercarnos a ellas emocionalmente todo lo que podamos, hasta que la empatía hacia ellas se trasforme en sentimientos nuestros”(p. 45, 1986). Además, subraya la interpretación como un arte y el arte como la más alta expresión de la naturaleza humana.

El autor ruso con su “sistema de actuación” fue, en alguna medida, pionero de lo que ahora sabemos por las neurociencias. Cuando respondemos a la pregunta “¿Cómo te sientes?” activamos una parte significativa del mismo sistema de circuitos cerebrales que se encienden cuando preguntamos “¿Cómo se siente ella?”. El cerebro actúa de manera casi idéntica cuando percibimos nuestros propios sentimientos y los de otra persona (Goleman).

El vocablo alemán “Einfühlung” fue traducido por primera vez al inglés en 1989 como “empathy” y en español por “empatía” (= “sentir dentro”).

Es preciso diferenciar la empatía de la “identificación” y de la “proyección”, para eso recurrimos al Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis. La “identificación” es el “proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste” (p. 184, 1981) lo que implica una supresión en el discernimiento. Mientras que la “proyección”, conocida desde la filosofía de Hume, es en sentido psicoanalítico, la “operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso ‘objetos’, que no reconoce o que rechaza en sí mismo” (p. 306, 1981).

La capacidad de empatía en psicoterapia es vital para establecer una un “buen rapport”, implica la habilidad para analizar y comprender al otro en su contexto, sin descuidar la relación de sentido que ese “otro” sostiene con nosotros, que siempre es subjetiva y afectiva. Para lograr esa diferenciación entre “yo-analista” y “yo-paciente” debe mediar previo a todo ejercicio de la profesión, una psicoterapia profunda con la finalidad de prevenir tratamientos iatrogénicos y/o re-traumatizantes.

Las neurociencias conforman una teoría novedosa más, pero no la última, ya que todas ellas son transitorias e incompletas.  Einstein en un diálogo con el creador del “principio de incertidumbre” Heisenberg en 1926, expresó que “la teoría determina lo que podemos observar”, es decir, todo acción de observar o medir afecta directamente el objeto observado y al observador. Sabemos, vía Watzlawick, sobre una apostilla de la obra, “Física y Filosofía” (1958) de Heisenberg:

“La realidad de la que podemos hablar jamás es la realidad en sí, sino una realidad sabida o incluso, en muchas casos, una realidad configurada por nosotros mismos. Cuando se objeta contra esta última formulación diciendo que, a fin de cuentas, existe un mundo independiente por completo de nuestro pensamiento, un mundo que sigue su curso sin necesidad de nosotros y al que nos referimos propiamente con la investigación, hay que replicar a esa objeción (…) que ya el vocablo ‘existe’ proviene del lenguaje humano y, por consiguiente, difícilmente puede significar algo que no esté referido a nuestra capacidad cognitiva” (p. 58).

Este “principio de incertidumbre” mencionado supra, nos fuerza a adoptar una postura más humilde desde la ciencia frente al arte “el que siempre perdura” como decía Shakespeare. En esa humildad recurrimos a Stanislavski en actitud idéntica a la que asumimos cuando participamos hace poco tiempo del panel “La psicología aprende del teatro”.



Referencias

Bakeslee, S. (2006). Cells that read minds

Cuadernos de Pedagogía Nº 271, julio – agosto 1998, Barcelona

Damásio, A. (2001). O erro de Descartes. Sao Paulo: Companhia Das Letras

Gorbato, V. (1994). Los competidores del diván. Buenos Aires: Espasa

Golman, D. (2006). Inteligencia social. México: Planeta

Laplanche, J. & Pontalis, J.B. (1981). Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona: Editorial Labor

Magela Demarco. (2010). Vida y pasión de un hombre polémico. El joven profesor Mario Bunge. Buenos Aires: Intramed

Parnaso Diccionario Sopena de la Literatura. (1972). Barcelona: Ramon Sopena S.A

Platón. (1980). Cármides o de la sabiduría moral. Obras completas. Madrid: Aguilar

Stanislavski, K. (1986). La construcción del personaje. La Habana: Editorial Arte y Literatura

Watzlawick, P. (1995). El sinsentido del sentido o el sentido del sinsentido. Barcelona: Herder

Tomado de: http://www.psyciencia.com/2014/27/neurociencias-y-ciertos-dialogos/


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domingo, 9 de agosto de 2015

Lo que necesitamos saber sobre la vida, según James K. Flanagan

La última carta del abuelo dice todo lo que necesitamos saber en la vida


El 3 de septiembre del 2012, James K. Flanagan de West Long Branch, de Nueva Jersey, murió inesperadamente de un ataque al corazón. Unos meses antes de su muerte prematura, James escribió esta carta a sus cinco nietos:

Queridos Ryan, Conor , Brendan , Charlie y Mary Catherine,
Mi sabia y reflexiva hija Rachel me instó a escribir algunos consejos para vosotros con las cosas importantes que he aprendido acerca de la vida. Estoy empezando este el 8 de abril de 2012, en la víspera de mi 72 cumpleaños.

1 . Cada uno de ustedes es un regalo maravilloso tanto para su familia como para todo el mundo. Recuerde siempre , especialmente cuando los vientos fríos de la duda y el desánimo caen sobre su vida.

2 . No tengáis miedo… de nadie ni de nada cuando se trate de vivir tu vida más plenamente. Persigue tus esperanzas y tus sueños , no importa cuán difícil sean ni los que otros pienses. Muchas personas no hacen lo que quieren por lo que otros puedan pensar o decir. Evitad a los pesimistas y sus pensamientos. “Sí, pero ¿qué pasaría si … ” Al diablo con “qué pasaría si … ” ¡Hazlo! Lo peor de todo en la vida es mirar hacia atrás y decir: ” Yo tendría , podía tener, debería haberlo hecho. ” Asumid riesgos , cometed errores.

3 . Todas las personas del mundo son de carne y hueso. Algunas pueden usar sombreros de fantasía o tienen grandes títulos o (temporalmente ) ostentan poder y quieren hacerte creer que penséis que están por encima del resto. No les creas. Tienen las mismas dudas, temores y esperanzas que vosotros. Cuestiona la autoridad siempre, pero sé prudente y cuidadoso en la forma en que lo haces.

4 . Haz una lista de todas esas cosas que quieres hacer en la vida: viajar a lugares, desarrollar una habilidad, dominar un idioma, conocer a alguien especial, etc. Que sea larga, y oblígate a hacer algunas cosas de ella cada año. No digas: ” lo haré mañana” ( o el próximo mes o el próximo año) . Esa es la manera más segura de dejar de hacer algo. No hay mañana , y no hay un momento “adecuado ” para empezar algo, salvo ahora .

5 . Sed amable y ayudad a la gente – especialmente con los más débiles, los cobardes y con vuestros hijos. Todo el mundo lleva una pena especial, y necesitan el apoyo de otra persona.

6 . No se unan a las fuerzas armadas o a cualquier organización que entrene para matar. La guerra es el mal. Todas las guerras son iniciadas por viejos que fuerzan o engañan a los jóvenes a odiar y matarse unos a otros . Los que las promueven sobreviven, y, al poco de comenzarlas con una pluma y un papel, las acaban terminando de la misma manera. Pero durante ella muchas personas buenas e inocentes mueren.

7 . Leed libros, tantos como podáis. Son una maravillosa fuente de placer, de sabiduría e inspiración. No necesitan baterías ni conexiones especiales, y te los puedes llevar a cualquier parte.

8 . Sed sinceros.

9 . Viajad: Siempre , pero especialmente cuando se es joven . No esperéis hasta que tengáis el dinero “suficiente ” o hasta que todo esté ” a la perfección. ” Eso nunca sucede.

10 . Elige tu trabajo o profesión porque te gusta hacerlo. Claro, habrá algunas cosas difíciles al respecto, pero un trabajo debe ser una alegría . Tened cuidado de elegir un trabajo sólo por el dinero.

11 . No gritéis. Nunca funciona, y te duele a ti mismo y a los demás. Cada vez que he gritado, he fallado.

12 . Cumplid las promesas con los niños. No debemos decir ” ya veremos ” cuando queremos decir “no”. Los niños esperan la verdad, dádsela con amor y bondad.

13 . Nunca le digáis a nadie que lo amáis cuando no lo hacéis.

14 . Vivid en armonía con la naturaleza: salid al aire libre, bosque, montañas, mar, desierto. Es importante para el “espíritu”.

15 . Visita Irlanda. Es el lugar donde nació el alma de nuestra familia – sobre todo el Occidente : Roscommon, Clare y Kerry. (En nuestro caso, visitemos los lugares de nuestros antepasados, conozcamos nuestra historia familiar y aprendamos a cerrar ciclos)

16 . Abrazad a las personas que os aman y amáis. Decidles lo mucho que significan para vosotros ahora, no esperéis hasta que sea demasiado tarde.

17 . Sed agradecidos. Hay un dicho irlandés que dice: “Este es un día en nuestras vidas, y no va a volver. “ Vive cada día con esto en mente.


Aprovecho y les comparto la canción de Fausto titulada "Soñando con el abuelo", la cual nos habla de una realidad social y cómo debemos solucionarla empezando por nosotros mismos. Es hermosa, disfrútenla.









Recuperado de: Página
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Los peligros del internet. Un caso de CyberAcoso

Hablar de internet es hablar de la nueva era. El iternet se ha convertido en una necesidad, y tiene tanto sus puntos buenos como no tan buenos.

Para hablar de lo bueno, basta decir que nos conecta a cada persona del mundo a través de un clic, lo cual es una ventaja al hablar de comunicación, y en ese mismo sentido, la información que allí encontramos, si bien está llena de basura, también la hay muy valiosa; es información que en otra época no estaba a la mano y acceso del común de las personas. Es decir, no hay excusa para no estar informados, para no ampliar nuestra consciencia.

Sin embargo, los peligros que allí acechan también son muchos, y hablar de ellos sería tema de horas y no para escribirlo sino para debatirlo. Sin embargo, hay dos cosas que me llaman mucho la atención, tal vez porque en mi cabeza de alguna forma ambas las relaciono.

Por un lado está la adicción al internet, a las redes sociales especialmente (aunque también aplican los videojuegos o juegos de azar entre otras modalidades que nos ofrece la red).

Recordemos que adicción es todo aquello que empieza a afectar nuestra vida al punto que dejamos de ser nosotros mismos causando un malestar a los demás y al final a nosotros mismos. Nos volvemos adictos a cualquier cosa que nos genere un placer, que llene un vacío o nos permita salirnos de la cruda realidad de la existencia desviando nuestra atención a otra cosa.

Podemos ser adictos a una droga (donde se incluye el alcohol - no se por qué muchos lo separan de ahí-), al sexo, a la pareja (hace poco reflexionada acerca de eso y decía que los celos de la pareja son el equivalente al síndrome de abstinencia de un drogadicto), a los hijos, a los juegos, al internet, a las redes sociales, etc...

Ahora bien, si en la adicción buscamos salirnos de la realidad, o crear una nueva más cómoda, fácil hedónica y demás, no es raro encontrar entonces personas que creen encontrar el amor por internet (no estoy en contra de eso, sino en la forma y las pocas precauciones que se toman) y terminar confiando en una persona que nos guste o no, y aunque miles de kilómetros sea de carne y hueso, en la situación en sí misma, no es más que una realidad virtual, con el agravante claro de que nisiquiera se trata de una máquina, porque vaya y venga que fuera solo eso, un programa serio y responsable... no, en realidad es un ser humano que como puede tener muy buenas intenciones, también las tiene muy malas, y el internet si que se ha prestado para ser objeto de uso de este tipo de personas, que buscan no solo hacer daño, sino repetirlo por la facilidad que tienen.

Desde simples extorsiones, sexo virtual hasta asesinatos se han logrado conseguir a través de esta compleja dinámica. No pretendo por ahora profundizar en el tema, sino tratar ese segundo peligro de los muchos que pueden haber, con un ejemplo que se dió a conocer en el año 2012, o más que un ejemplo, un caso muy triste y reprochable. Ese segundo peligro entonces es la búsqueda de afecto, de aceptación por parte de otros, que muchas veces, más de lo que los medios nos cuentan, termina muy mal, porque no solo es el sexo virtual que está tan de moda, sino todo lo que implica confiar en alguien a través de una pantalla. Y ni siquiera se trata de que se confíe o no en un desconocido, porque aunque los peligros aumentan, está claro que somos seres emocionales, y muchas veces la misma pareja de confianza, los amigos, las amigas, en un acto de ira y venganza, pueden terminar haciendo un mal uso de este medio para hacer mucho daño.

En resumidas cuentas, el internet es una herramienta poderosa de nuestra nueva era, pero es un arma de doble filo, y ambos filos son igual de potentes. Con un clic, con una mala decisión momentánea, la vida de una persona puede quedar completamente arruinada, y esto fue lo que le sucedió a Amanda Todd, una adolescente canadiense que decidió confiar en quien no debía, por el medio que no debía y hacer lo que no debía, porque si bien la sexualidad es algo tan natural, y más en una niña de 15 años que la vive con tanta pasión, debe ser una sexualidad con responsabilidad y autorrespeto.

El caso de esta niña me recuerda una película de una joven que conoce a un chico de su edad por la red, se enamora, y cuando lo conoce en persona, resulta que era un hombre mayor que abusa sexualmente de ella. A lo mejor está inspirada en el mismo caso, aunque para este 2015 se ha estrenado una de terror inspirada en este, un poco aburrida pero intrigante a la vez, se titula Unfriended.

No me alargo más y les comparto el caso de Amanda y al final, el video que dejó en Youtube días antes de suicidarse como consecuencia de su situación:


Un Caso de CyberAcoso

"Amanda Todd, una chica canadiense de 15 años fue encontrada muerta la semana pasada (2012), apenas un mes después de haber grabado y publicado un vídeo en Youtube en el que denunciaba estar sufriendo ciberbullying a raíz de un caso de sexcasting (había sido engañada para mostrar sus pechos en la webcam con 12 años y la imagen circuló fuera de su control). Su madre, que trabaja de profesora, ha declarado que desea que el vídeo, titulado My Story: Struggling, bullying, suicide and self harm (Mi historia: lucha, bullying, suicidio y autolesión), permanezca en Internet tras la muerte de su hija para contribuir a evitar nuevos casos como el de Amanda: “Es lo que mi hija habría deseado”, explicó en Twitter. El vídeo ha sido visto hasta el momento por más de 3 millones de personas y ha recibido casi 70.000 comentarios de usuarios de Youtube.

Ya se han creado páginas de homenaje en Facebook y hashtags específicas en Twitter para recordar a Amanda, aunque también se siguen recibiendo mensajes crueles de burla, mostrando de nuevo que el ciberbullying post-mortem no es infrecuente. También hay personas que disculpan a quienes acosaron a Amanda Todd en Facebook, argumentando que no tienen ellos la culpa de que enseñase los pechos y publicase datos personales en Internet. Eso sucedió cuando ella estaba en 8º curso (12 años) y una captura de ella mostrando brevemente los pechos por la webcam (durante una sesión de videochat en el web BlogTV) fue distribuida entre sus familiares, amigos y compañeros de colegio por alguien que la intentaba sextorsionar. Aunque cambió varias veces de centro escolar para huir del linchamiento y aislamiento social que sufrió como consecuencia, el bullying la perseguía. “Ya no puedo recuperar esa foto. Estará en Internet para siempre”, escribió la joven en su vídeo de denuncia, donde explica el intento de sextorsión: en un mensaje recibido por Facebook una año después de haberse mostrado en topless en BlogTV, su acosador le dijo: “Si no haces un show para mí (en la webcam), enviaré [la foto con] tus tetas”. Las amenazas se cumplieron y este hombre llegó incluso a poner dicha foto como su perfil en Facebook (algo supuestamente prohibido y controlado por los responsables de esta red social).

Según la madre, el hombre para quien Amanda se había mostrado en topless vía webcam continuó acosándola, fingiendo ser un estudiante y añadiendo en Facebook a los compañeros de la joven, tras lo cual les enviaba el vídeo con el desnudo de la menor. Este llegó incluso a sus profesores.

Tiempo después de aquella difusión de la imagen de sus pechos y en el contexto de su búsqueda de aceptación y de amigos tras un nuevo cambio de colegio, Amanda fue golpeada por un grupo de chicos y chicas que, además, grabaron la agresión. Aquel día acabó inconsciente en una zanja, donde la encontró su padre: una vez en casa se intentó suicidar bebiendo lejía. Sus acosadores y agresores, en una muestra de extrema crueldad, se burlaron de ella etiquetándola en Facebook en fotos de botellas de lejía y publicando mensajes diciendo que ojalá muriese. Amanda había buscado refugio en las drogas y el alcohol, pero reconoce en el vídeo que esto sólo sirvió para aumentar su nivel de ansiedad. Ahora llevaba tiempo acudiendo a tratamiento psicológico.

El legado que deja la chica canadiense también inlcuye una presentación en el web Prezi donde daba consejos para actuar ante el ciberbullying, que dirigía a padres y chicos que presenciasen casos como el suyo. “Si ves que alguien está siendo acosado, no dudes en decirle al abusón que pare. Asegúrate de que sepa que lo que hace está mal y que no deberían acosar a otros chicos”, aconseja Amanda en la presentación, donde también pide a los padres que “siempre den apoyo emocional a sus hijos”.

“Quería también ayudar a los padres a que estén alerta, que enseñen a sus hijos cómo estar seguros en la red. Los chicos tienen iPads, iPhones, smartphones… la tecnología es mucho más accesible ahora, ese es el factor de riesgo”, declaró Carol Todd, la madre de la joven.

La policía canadiense ya inició la búsqueda tanto del hombre que sextorsionó a Amanda y difundió la foto, como de los jóvenes que la acosaron y agredieron. El grupo hacktivista Anonymous ya ha publicado en Internet el nombre y dirección de un hombre de 32 años que según ellos es el culpable de sextorsionar a Amanda. Las autoridades han advertido contra las amenazas y posibles actos justicieros que se puedan dirigir contra esta persona. Mientras, la familia de Amanda ha pedido a la gente que colabore aportando información para denunciar a las personas que humillaron a su hija antes y después de su muerte, quienes podrían enfrentarse a cargos por acoso criminal.

No obstante, se ha dado a conocer que ya hace un año que las autoridades canadienses estaban al tanto de la difusión de la imagen de la menor, tras una denuncia que un internauta hizo llegar a una organización anti abuso infantil de aquel país. Según han informado, han recibido desde 2005 casi 700 denuncias por casos semejantes de grooming. Otros medios han denunciado que los casos de sextorsión a adolescentes que se muestran en el web de videochat/videoblogging BlogTV son frecuentes".

Tomado de Pantallasamigas



Este tema se relaciona con Bullying y Mobbing

Espero que este artículo llegue a muchas personas y genere mucha reflexión, especialmente en nuestras niñas y niños.



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lunes, 25 de mayo de 2015

Dentro y fuera, un asunto de percepción y reflexión / ¿Que vida quiero vivir hoy? (Poema)

Este es un cuento que apareció cuando dialogaba con un amigo acerca del funcionamiento de la memoria, y que es más fácil recordar aquello con lo que se tiene un constante contacto, pero además, tiene una gran influencia lo que se conoce como canales de comunicación (auditivo, visual, kinestésico), pues es más sencillo recordar algo cuando pasa por nuestro canal principal.

Ahora bien, no sé por qué mi amigo en medio del diálogo recordó que tenía esta historia en su maletín, entonces la sacó y la leímos... y que maravillosas enseñanzas encontramos en ella.

Lo principal, es que tal vez no importa si la realidad está fuera o dentro, el simple hecho de que el contacto con algo o alguien se de, genera en la persona un cambio, o por lo menos la posibilidad de este, porque se ha hecho real para quien lo experimenta, y porque esta realidad se modifica en la medida que la persona se relacione con el objeto, por lo tanto la pregunta es: ¿Cómo aquello que está afuera me puede enseñar algo?, pues en la medida que a partir de lo externo yo descubra aquello que se genera en mi internamente, entonces ahí mi realidad puede cambiar.

Él me decía que alguna vez sintió un pánico terrible al pensar que nosotros fuéramos simplemente el pensamiento o el sueño de alguien más. Entonces me pregunté ¿Y qué si es así? nada podemos hacer al respecto más que disfrutar esta vida, así sea una simple ilusión.

En este sentido, hablamos sobre la felicidad, y cómo por lo general la ponemos por fuera, nuestros motivos están en lo externo, pero en realidad lo exterior solo nos brinda la posibilidad de vernos reflejados en ello y buscar en nosotros mismos, es decir, el motivo es interno, uno mismo se puede motivar a ser feliz, basta con tomar conciencia de vivir el aquí y ahora.

- Pero Andrés, eso es muy facilista y simple, es necesario vivir del futuro - me dijo él.
- ¿Y el futuro te preocupa? - Le pregunté
- Si.
- Pues no se vos, pero yo, hablo por mi, soy feliz, y lo soy más cuando soy consciente de que mi momento es ahora, sin preocuparme si mañana quien me está soñando despierta y dejo de existir, o si el libro en el cual estoy escrito mañana llega a su fin. Cuando me he preocupado por el futuro, es cuando más angustiado me he sentido, cuando vivo del pasado siento que desperdicié mi momento, pero cuando vivo el hoy, soy verdaderamente feliz incluso en la adversidad.

La felicidad es un estado interno, no externo, pero eso si, todo está dentro, nada está fuera, lo de afuera, no importa lo que sea, me sirve de canal para mirarme interiormente. Eso es magia, pues claro, la magia es sugestión, la sugestión es mental y el mecanismo se llama proyección e introyección.

Retomo entonces una frase del cuento:

"Mira, esto es la magia: intercambiar el fuera y el dentro. Pero no por el impulso, ni con la angustia, como tú lo has hecho, sino libremente, voluntariamente".

Y definitivamente estoy de acuerdo con esto: Cualquiera que desee nacer de nuevo, debe estar preparado para morir.

Pues todos los días morimos, y cada mañana es un renacer, entonces... ¿Para que preocuparse por un ayer enterrado? ¿Para que angustiarse por un mañana que aún no llega?

La pregunta que cada día me hago al despertar es: ¿Que vida quiero vivir hoy?

No me importa si ayer fue un día malo, cargar con eso solo implica repetirlo hoy. No me importa cuanto tenga que hacer mañana, si me preocupo se me olvida que hoy tengo el día libre. Si decido no hacer nada, es la vida que elegí para este día. Bien o mal, asumo las consecuencias... claro, soy precavido porque tengo consciencia de que todo acto tiene un efecto, y no quiero que mis actos afecten demasiado a otros o a mi mismo de manera negativa, más bien procuro de que sea algo positivo, pero tampoco me sobre esfuerzo.

Finalmente, y antes de dejar el cuento que tanto me ha gustado, les comparto este poema que me surgió en un momento de soledad y pensando precisamente en la importancia de esta pregunta:


¿Que vida quiero vivir hoy?

Cada noche que muero, 
mi alma se desprende 
y comienzo a soñar. 

Voy a mundos conocidos, 
pero nuevos a la vez, 
y cada mañana al despertar,
es como volver a nacer.

Entonces me pregunto:
¿Si esta es una nueva vida, 
para que traer el ayer?

Ya no importa mi pasado, 
mi vida comienza al amanecer. 
Si es un ciclo que está abierto,
se cierra, o vuelve a morir...
al anochecer.

Al fin y al cabo en la mañana, 
sé que encontraré un nuevo sol, 
o la lluvia, 
un día gris o colorido, 
en dónde poder darle fin.

O tal vez mis ojos no abran,
mi aliento se extinga, 
mi alma despierte,
y renaceré una y otra vez. 

Duma333

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Dentro y fuera. 
Hermann Hesse

Había una vez un hombre llamado Frederick; se dedicaba a tareas intelectuales y poseía una amplia extensión de conocimientos. Sin embargo, no todos los conocimientos significaban lo mismo para él, ni apreciaba cualquier actividad intelectual.

Tenía preferencia por un cierto tipo de pensamiento, desdeñando y detestando los otros. Sentía un profundo amor y respeto por la lógica -ese método admirable- y, en general, por lo que él llamaba "ciencia". "Dos y dos son cuatro -acostumbraba a decir-. Esto es lo que creo; y el hombre debe construir su pensamiento sobre la base de esta verdad." No ignoraba, sin duda, que existían otras clases de pensamiento y cultura; pero no los consideraba como "ciencia", y tenía una pobre opinión de ellos. Aunque librepensador, no era intolerante con la religión.

La religión estaba fundada en un tácito acuerdo entre científicos. Durante varios siglos su ciencia había abarcado casi todo lo que existía sobre la tierra y era digno de conocerse, con una sola excepción: el alma humana.

Con el transcurso del tiempo, se convirtió en costumbre abandonar esta materia a la religión, y permitir sus especulaciones sobre el alma, aunque sin considerarlas seriamente. Según esto, Frederick era también tolerante en lo referente a la religión; no obstante, todo lo que significaba superstición le era profundamente odioso y repugnante. Pueblos lejanos, incultos y retrasados podían recurrir a ella; en la remota antigüedad podía admitirse el pensamiento místico o mágico; pero con el nacimiento de la ciencia y de la lógica esas anticuadas y dudosas herramientas carecían de sentido. Eso es lo que decía y lo que pensaba. Cuando algún vestigio de superstición aparecía ante él, se encolerizaba Y sentía como sí hubiese sido atacado por algo hostil.

No obstante, lo que más le irritaba era hallar tales vestigios entre hombres de su propia clase, educados y versados en los principios del pensamiento científico. Y nada le era tan doloroso e intolerable como el concepto escandaloso -que había oído recientemente formulado y discutido incluso por hombres de gran cultura-, la idea absurda de que el "pensamiento científico" no era posiblemente un hecho supremo, independiente del tiempo, eterno, preordenado e inexpugnable, sino sólo uno de tantos, una transitoria manera de pensar, no impenetrable al cambio y a la decadencia.

Esa creencia irreverente, destructiva y venenosa se extendía; ni el propio Frederick era capaz de negarlo; había surgido al azar como resultado de la angustia originada en todo el mundo por la guerra, la revolución, y el hambre, a la manera de un aviso, como espiritual escritura de una blanca mano sobre un blanco muro.

Mientras más sufría Frederick por la existencia de esa idea y por lo profundamente que lograba afligirle, más apasionadamente la atacaba, tanto a ella como a aquéllos a quienes sospechaba sus secretos defensores. Hasta entonces sólo muy pocas personas verdaderamente cultivadas habían proclamado abierta y francamente su fe en la nueva doctrina, que parecía destinada, de lograr difusión y fuerza, a destruir todos los valores espirituales sobre la tierra y a provocar el caos. Pero la situación no había llegado aún a tal extremo y los dispersos mantenedores eran tan pocos en número que cabía considerarlos como casos singulares y excéntricos, elementos peculiares. Pero una gota del veneno, una emanación de esa idea, podía ser percibida en cualquier momento. De un modo u otro podían surgir entre el pueblo y los medios cultivados una serie de nuevas doctrinas esotéricas, con sus sectas y discípulos; el mundo estaba lleno de ellas, por doquier se veía amenazado por la superstición, el misticismo, los cultos espirituales y otras fuerzas misteriosas, a las cuales era necesario combatir; pero la ciencia, por un particular sentimiento de debilidad, les había concedido hasta el presente vía libre.

Un día, Frederick visitó a uno de sus amigos, con quien frecuentemente había investigado. Hacía algún tiempo que no lo había visto. Mientras iba subiendo por la escalera de la casa, intentó recordar cuándo y dónde había estado por última vez en compañía de su amigo, pero, aunque se enorgullecía de su excelente memoria, no lo conseguía. Imperceptiblemente molesto y malhumorado, mientras aguardaba ante la puerta de su amigo intentó liberarse de esta sensación. Apenas había saludado a Erwin, su amigo, cuando advirtió en su cordial semblante una cierta aunque reprimida sonrisa, que le pareció advertir por primera vez.

Apenas vio aquella sonrisa, en cierto modo burlona u hostil pese a su apariencia amistosa, recordó inmediatamente lo que estuvo buscando infructuosamente en su memoria: su último y anterior encuentro con Erwin. Recordó que se habían separado sin haber discutido, desde luego, pero con una sensación de discordia interna y disgusto, porque Erwin había prestado entonces muy escaso apoyo a sus ataques contra los dominios de la superstición.

Era extraño. ¿Cómo podía haber olvidado aquello por completo? Comprendió también que ésa era la única razón de haber evitado a su amigo durante tanto tiempo, simplemente ese descontento, y que desde el principio había sido consciente de ello, aunque se inventó una multitud de excusas para el repetido aplazamiento de esta visita. Ahora se enfrentaban el uno al otro; Frederick sintió que la pequeña grieta de aquel día había experimentado un tremendo ensanchamiento. Intuyó que algo fallaba entre él y Erwin, algo que hasta entonces siempre estuvo presente: un aura de solidaridad, de espontánea comprensión, de afecto incluso.

Ahora existía un vacío. Se saludaron; hablaron del tiempo, de sus conocidos, de su salud y -Dios sabe por qué- a cada palabra Frederick tuvo la molesta sensación de que no comprendía bien a su amigo, de que Erwin no lo conocía realmente, de que sus palabras estaban errando el blanco, de que no era posible hallar ninguna base común para una verdadera conversación.

Con mayor motivo por cuanto Erwin exhibía aún en su rostro aquella amistosa sonrisa, que Frederick estaba empezando casi a odiar. Durante una pausa en la laboriosa conversación, Frederick miró en torno suyo al estudio que conocía tan bien y vio una hoja de papel clavada con un alfiler en la pared. Esta imagen lo conmovió extrañamente y despertó antiguos recuerdos: hacía mucho tiempo, en sus años de estudiante, Erwin tenía ese hábito, a veces, para conservar el dicho de un pensador o el verso de un poeta frescos en su mente. Se levantó y se dirigió hacia la pared para leer el papel. Allí, en la bella escritura de Erwin, leyó las siguientes palabras:

"Nada está fuera, nada está dentro; pues lo que está fuera está dentro".

Pálido, permaneció inmóvil durante un momento. ¡Allí estaba! ¡Eso era lo que temía! En otra ocasión habría ignorado aquella hoja de papel, la habría tolerado caritativamente como una genialidad, como una debilidad inocente a la que cualquiera estaba expuesto, quizá como un frívolo sentimentalismo que pedía indulgencia.

Pero ahora era diferente. Sintió que esas palabras no habían sido escritas por un fugaz impulso poético, no era por capricho que Erwin había vuelto después de tantos años a la práctica de su juventud. ¡Aquella frase era una confesión de misticismo!


Lentamente se volvió para mirarle el rostro, cuya sonrisa era de nuevo radiante.

-¡Explícame esto! -exigió.

Erwin hizo un gesto afirmativo con la cabeza, lleno de amistad.

-¿Nunca has leído este dicho? -¡Naturalmente! -gritó Frederick-. Claro que lo conozco. Es misticismo, es gnosticismo. Quizá sea poético, pero... ¡De todas formas, explícamelo, y dime por qué lo has puesto en la pared!

-Con mucho gusto -dijo Erwin-. El dicho es una primera introducción a una epistemología que he estado investigando últimamente, y que me ha proporcionado ya muchas satisfacciones.

Frederick reprimió su arrebato. Preguntó: -¿Una nueva epistemología? ¿Qué es? ¿Cómo se llama?

-¡Oh -contestó Erwin-, únicamente es nueva para mí. Es ya muy antigua y venerable. Se llama magia.

La palabra había sido pronunciada. Asombrado y sobrecogido por tan cándida confesión, Frederick comprendió con un estremecimiento que se hallaba enfrentado cara a cara con el archienemigo en la persona de Erwin.

No sabía si estaba más cerca de la rabia o de las lágrimas; lo poseía un amargo sentimiento de irreparable pérdida. Durante una larga pausa permaneció callado. Luego, con pretendida decisión en la voz, atacó:

-¿Así que deseas ahora convertirte en un mago?
-Sí -contestó Erwin sin vacilar.
-Una especie de aprendiz de brujo, ¿eh?
-Ciertamente.

Hubo tanta quietud que podía oírse el tictac de un reloj en la habitación contigua. Frederick agregó después:

-Esto significa que abandonas toda relación con la ciencia seria y, por tanto, toda relación conmigo.

-Espero que no sea así -contestó Erwin-. Pero si no hay otro remedio, ¿qué puedo hacer?

-¿Qué puedes hacer? -estalló Frederick-. ¡Rompe, rompe de una vez por todas con esa puerilidad, con esa vil y despreciable creencia en la magia! Eso puedes hacer, si deseas conservar mi respeto.

Erwin sonrió un poco, aunque también su alegría se había desvanecido.

-Hablas como si... -murmuró, tan suavemente que a través de sus quedas palabras la irritada voz de Frederick aún parecía resonar por toda la habitación-, hablas como si eso estuviese dentro de mi voluntad, como si me quedara elección, Frederick. No es ése el caso. No tengo, ninguna elección. No fui yo quien escogió la magia: ella me escogió a mí.

Frederick suspiró, profundamente.

-Entonces, adiós -dijo hastiadamente, y se levantó sin ofrecerle su mano.

-¡Así, no! -exclamó Erwin-. No debes separarte de mí de ese modo. Imagina que uno de nosotros yace en su lecho de muerte -¡y en verdad que así es!-, y que debemos decirnos adiós.

-¿Pero quién de nosotros va a morir, Erwin?

-Hoy probablemente yo, amigo mío. Cualquiera que desee nacer de nuevo, debe estar preparado para morir.

Una vez más Frederick se dirigió a la hoja de papel y leyó el dicho.

-Muy bien -admitió al fin-. Tienes razón, no sirve para nada separarnos con ira. Haré lo que deseas; imaginaré que uno de nosotros se está muriendo. Antes de irme, quiero pedirte una última cosa.

-Me alegro -repuso Erwin-. Dime, ¿qué atención puedo demostrarte en nuestra despedida?

-Repito mi primera pregunta, y ésta es también mi petición: explícame ese dicho lo mejor que puedas. Erwin reflexionó un momento y luego dijo:

-Nada está fuera, nada está dentro. Conoces el significado religioso de esto: Dios está en todas partes.

Está en el espíritu y también en la naturaleza. Todo es divino, porque Dios es todo. Antiguamente esto recibía el nombre de panteísmo. En lo que concierne al significado filosófico, estamos acostumbrados a separar el dentro del fuera en nuestro pensamiento; sin embargo, esto no es necesario. Nuestro espíritu es capaz de superar los límites que hemos fijado para él, en el Más Allá.

Más allá del par de antítesis que constituye nuestro mundo, comienza un nuevo y diferente conocimiento... Pero, mi querido amigo, debo confesarte que desde que mi pensamiento ha cambiado ya no existen para mí palabras ambiguas ni dichos: cada palabra tiene decenas, centenares de significados. Y ahí empieza lo que temes... la magia. Frederick. frunció las cejas y estuvo a punto de interrumpirle. Pero Erwin lo miró de forma desarmante y continuó, hablando más distintamente:

-Déjame darte un ejemplo. Llévate algo mío, cualquier objeto, y examínalo un poco de cuando en cuando. Pronto el principio del dentro y el fuera te revelará uno de sus muchos significados.

Dio una ojeada en torno a la habitación, tomó una pequeña estatuilla de arcilla de un anaquel, y se la dio a Frederick, diciendo:

-Toma esto como regalo de despedida. ¡Cuando este objeto que coloco en tus manos cese de estar fuera de ti y esté dentro de ti, ven a mí de nuevo! ¡Pero si permanece fuera de ti, tal como está ahora, para siempre, entonces esta separación tuya de mí será también para siempre!

Frederick quiso hablar todavía, pero Erwin tomó su mano, la estrechó, y se despidió de él con una expresión que no admitía réplica.

Frederick se retiró; descendió la escalera (¡qué largo le pareció el tiempo desde que la había subido!); se dirigió a través de las calles a su casa, perplejo y angustiado, con la pequeña figura de barro en la mano. Se detuvo frente a su morada, apretó fieramente el puño sobre la estatuilla durante un momento, y sintió un irresistible impulso de romper el ridículo objeto contra el suelo. Nunca se había sentido tan agitado, tan movido por emociones antagónicas. Buscó un lugar para el obsequio de su amigo, y puso la figura en la parte superior de un estante de su librería. Por el momento la dejó allí.

Ocasionalmente, según fueron pasando los días, la miró, meditando sobre ella y sus orígenes, considerando el significado que tan disparatado objeto iba a tener para él. Se trataba de una pequeña figura que representaba un hombre, o un dios, o un ídolo , con dos rostros, como el dios romano Jano, modelada más bien toscamente en arcilla y cubierta con un barniz tostado y algo cuarteado. La pequeña imagen tenía un aspecto grosero e insignificante; no era desde luego una obra griega o romana; probablemente se trataba del trabajo de alguna raza inferior y primitiva de África o de los Mares del Sur. Los dos rostros, que eran exactamente iguales, mostraban una sonrisa apática, indolente y débilmente burlona; el pequeño gnomo prodigaba su estúpida sonrisa de modo en especial desagradable. Frederick no pudo acostumbrarse a la figura.

Le resultaba totalmente inestética y ofensiva, se interponía en su camino, lo turbaba. Ya al día siguiente la tomó para dejarla sobre la estufa, y pocos días después la trasladó a un aparador. Pero una y otra vez aparecía en el campo de su visión, como si le estuviese imponiendo su presencia; se reía de él fría y estúpidamente, se daba tono, exigía atención. Tras unas cuantas semanas la puso en la antecámara, entre las fotografías de Italia y los recuerdos triviales que jamás miraba nadie. Ahora, al menos, sólo veía al ídolo al entrar o al salir, pasaba junto a él rápidamente, sin prestarle atención. Pero, también allí el objeto lo fastidiaba, aunque no quiso admitirlo.

Con aquel juguete, con aquella monstruosidad de dos caras, la vejación y el tormento habían entrado en su vida. Un día, meses más tarde, regresó de un corto viaje. Emprendía ahora tales excursiones de cuando en cuando, como si algo lo empujase secretamente. Entró en su casa, atravesó la antecámara, fue saludado por la criada, y leyó las cartas que lo aguardaban. Pero seguía intranquilo, como si hubiera olvidado algo importante; ningún libro lo tentaba, ningún sillón era cómodo.

Empezó a torturar su mente, ¿cuál era la causa? ¿Había descuidado algo importante? ¿Comido algo que pudiese trastornarlo? Al reflexionar, descubrió que esta sensación de inquietud había aparecido al entrar en el apartamento. Volvió a la antecámara e involuntariamente su primera mirada buscó la figura de arcilla.

Un extraño terror se apoderó de él al no ver al ídolo. Había desaparecido. No estaba. ¿Se había marchado caminando con sus pequeñas piernas de barro? ¿Había volado? ¿Desapareció por artes mágicas? Frederick recobró la calma y sonrió ante su nerviosismo. Luego empezó a buscar tranquilamente por toda la habitación. Al no encontrar nada, llamó a la criada. Parecía turbada, y admitió en seguida que se le había caído el objeto mientras limpiaba.

-¿Dónde está? Ya no estaba en ninguna parte. Tan sólido como aparentaba ser el pequeño objeto, ella lo tuvo a menudo en sus manos. Sin embargo, se había roto en mil pedazos. Llevó los fragmentos a un taller, donde simplemente se rieron de ella. Luego los había tirado. Frederick despidió a la criada.
Sonrió. Se sentía contento.

¡Qué poco le importaba el ídolo! La abominación había desaparecido; ahora tendría paz. ¿Por qué no habría deshecho el objeto a golpes desde el primer día? ¡Cómo había sufrido todo aquel tiempo! ¡De qué forma indolente, extraña, astuta, perversa, diabólica le había sonreído el ídolo! Ahora que había desaparecido, podía admitir la verdad: había temido verdadera y sinceramente a aquel dios de barro.

¿No era emblema y símbolo de todo cuanto le era repugnante e intolerable, de todo cuanto reconoció siempre como pernicioso, hostil y digno de supresión? ¿Un estandarte de todas las supersticiones, de todas las tinieblas, de toda coerción de la conciencia y el espíritu? ¿No representaba la horrible fuerza que se siente a veces bramando en las entrañas de la tierra, ese lejano terremoto, esa próxima extinción de la cultura, ese naciente caos? ¿No le había robado aquella despreciable figura a su mejor amigo, es más, no robado, sino convertido en enemigo? Ahora el objeto había desaparecido. Desvanecido. Roto en mil pedazos. Acabado.

Era mucho mejor que si lo hubiera destruido por sí mismo. Eso pensó, o dijo. Y volvió a sus asuntos como antes. Pero la maldición persistió. Justamente cuando había conseguido acostumbrarse más o menos a aquella ridícula figura, precisamente cuando verla en su lugar habitual en la mesa de la antecámara se le había hecho gradualmente familiar y nada importante, era cuando su ausencia empezó a atormentarlo. Sí, la echaba de menos cada vez que cruzaba aquella estancia; veía constantemente el espacio vacío donde había estado, y el vacío emanaba de aquel lugar y llenaba la habitación entera.

Malos días y peores noches empezaron para Frederick. Ya no podía atravesar la antecámara sin pensar en el ídolo de las dos caras, sin echarlo de menos, sin sentir que sus pensamientos estaban unidos a él. Una agónica obsesión creció en su interior. Y no era simplemente al cruzar aquel cuarto cuando se sentía prisionero de su obsesión.

De la misma forma en que el vacío y la desolación irradiaban del ahora vacío lugar en la mesa de la antecámara, aquella idea obsesiva irradiaba dentro de él, empujaba todo lo demás a un lado, enconándolo y llenándolo de extrañeza y desolación. Una y otra vez imaginó la figura con suma claridad, para demostrarse a sí mismo lo absurdo de afligirse por su pérdida. Pudo verla en toda su estúpida fealdad y barbarie, con su vacua pero astuta sonrisa, con sus dos caras; impulsado como por una coacción, lleno de odio y con la boca torcida, se descubrió a sí mismo intentando reproducir aquella sonrisa.

Le incomodaba la duda de si las dos caras eran en realidad exactamente iguales. ¿No tenía una de ellas, quizá simplemente por una pequeña aspereza o cuarteo en el barniz, una expresión algo distinta? ¿Algo raro? ¿Algo enigmático? ¡Qué peculiar era el color de aquel barniz! El verde y el azul y el gris, pero también el rojo, se mezclaban en él. Era un barniz que ahora hallaba a menudo en otros objetos, en una reflexión del sol de la ventana o en los reflejos de un húmedo pavimento. Cavilaba mucho sobre aquel barniz, incluso por la noche. Le extrañó igualmente lo extraña, rara, malsonante, poco familiar, casi maligna que era la palabra "barniz".

La analizó hasta invertir el orden de sus letras. Entonces leía "zinrab". Pero, ¿de dónde demonios tomaba su sonido aquella palabra? Conocía la palabra "zinrab", por supuesto que sí; además, era una palabra hostil y mala, una palabra con perversas e inquietantes implicaciones. Durante mucho tiempo lo atormentó esa pregunta. Finalmente dio con la respuesta: "zinrab" le recordaba un libro que había comprado y leído hacía muchos años durante un viaje, y que lo había aterrado, atormentado, pero fascinado secretamente; se titulaba Princesa Zinraka. Era como una maldición: todo lo relacionado con la estatuilla -el barniz, el azul, el verde, la sonrisa- significaba hostilidad, eran sinónimos de torturas y venenos. ¡De qué forma tan peculiar en otro tiempo Erwin, su amigo, había sonreído mientras ponía el ídolo en su mano! Una forma muy peculiar, muy significativa, muy hostil. Frederick resistió valientemente -y muchos días no sin éxito- la tendencia obsesiva de sus pensamientos. Presentía el peligro claramente: ¡volverse loco! No, era mejor morir.

La razón es necesaria, la vida no. Y se le ocurrió que quizá eso era la magia, que Erwin, con la ayuda de aquella figura, lo había encantado en cierto modo, y que debería sucumbir en un sacrificio como el defensor de la razón y la ciencia contra aquellos funestos poderes. Sin embargo, de ser así, si eso era posible, la magia existía, la hechicería existía. ¡No, mejor era morir! Un médico le recomendó paseos y baños. A veces, en busca de distracción, pasaba la noche en una posada. Pero no le sirvió de nada. Maldecía a Erwin y se maldecía a sí mismo. Una noche, como solía hacer ahora con frecuencia, se retiró temprano y estuvo inquieto en la cama, imposibilitado de dormir. Se sentía indispuesto e intranquilo.

Deseaba meditar, deseaba hallar tranquilidad, decirse cosas reconfortantes, tranquilizadoras, frases de recta serenidad y claridad. "Dos y dos son cuatro". Nada vino a su mente; en un estado casi de delirio musitó sonidos y sílabas para sí. Gradualmente las palabras se formaron en sus labios, y varias veces, sin comprender su significado, repitió la misma frase para sí, como si hubiese tomado forma en él de algún modo. La murmuró una y otra vez, como si absorbiese una droga, como si en ella buscase a tientas su camino hacia el sueño que lo eludía en el estrecho sendero que bordeaba el abismo. Pero súbitamente, al levantar un poco la voz, las palabras que estaba musitando penetraron en su conciencia.

Las conocía: "¡Sí, ahora estás dentro de mí!" E instantáneamente comprendió. ¡Supo lo que significaban, que se referían al ídolo de arcilla, que entonces, en aquella hora gris de la noche, se había cumplido puntual y exactamente la profecía que Erwin le había hecho un espantoso día, que la figura que sostuvo desdeñosamente en sus dedos ya no estaba fuera de él sino dentro de él! "Pues lo que está fuera está dentro".

Incorporándose de un salto, experimentó como si le estuvieran haciendo una transfusión de hielo y fuego. El mundo vacilaba a su alrededor, los planetas lo miraban fija y alocadamente. Encendió la luz, se puso algunas ropas, abandonó su casa y corrió en plena noche hacia la casa de Erwin. Vio una luz encendida en la ventana del estudio que conocía tan bien; la puerta de la casa estaba abierta: todo parecía estar esperándolo. Subió precipitadamente la escalera. Penetró con paso inseguro en el estudio de Erwin y se apoyó con temblorosas manos sobre la mesa. Erwin se hallaba sentado junto a la lámpara, bajo su suave luz, pensativo y sonriente.

Cortésmente Erwin se puso en pie.

-Has venido. Eso está bien.

-¿Has estado esperándome? -preguntó Frederick.

-He estado esperándote, como sabes, desde el momento en que te fuiste de aquí con mi pequeño obsequio. ¿Ha sucedido lo que dije entonces?

-Ha sucedido -admitió-. El ídolo está dentro de mí. Ya no puedo soportarlo más.

-¿Puedo ayudarte? -preguntó Erwin.

-No lo sé. Haz lo que quieras. ¡Explícame más acerca de tu magia. Dime si el ídolo puede salir de mí otra vez. Erwin puso su mano sobre el hombro de su amigo.

Lo condujo hacia un sillón y lo obligó a sentarse en él. Luego dijo cordialmente, en un casi fraternal tono de voz:

-El ídolo saldrá de ti otra vez. Ten confianza en mí. Ten confianza en ti mismo. Has aprendido a creer en él. ¡Ahora aprende a amarlo! Está dentro de ti, pero continúa muerto, es aun un fantasma para ti. ¡Despiértalo, háblale, pregúntale! ¡Pues es tú mismo! ¡No lo odies, no le temas, no lo atormentes! ¡Cómo has atormentado a ese pobre ídolo, que sin embargo eras tú mismo! ¡Cómo te has atormentado a ti mismo! -¿Es ése el camino de la magia? -preguntó Frederick.

Se hallaba profundamente hundido en el sillón, como si hubiera envejecido, y su voz era débil.

-Ese es el camino -contestó Erwin-, y quizá has dado ya el paso más difícil. Has hallado por experiencia que el fuera puede convertirse en el dentro. Has estado más allá del par de antítesis. ¡Te pereció el infierno; aprende ahora, amigo mío, qué es el cielo!. Porque es el cielo el que te espera. Mira, esto es la magia: intercambiar el fuera y el dentro. Pero no por el impulso, ni con la angustia, como tú lo has hecho, sino libremente, voluntariamente. Llama al pasado, llama al futuro: ¡ambos se hallan en ti! Hasta hoy has sido el esclavo del dentro. Aprende a ser su dueño. Eso es la magia.





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